miércoles, 1 de septiembre de 2010

Así era el Leander


Desde la Pinta, la Niña y la Santa María hasta el Buque Escuela Simón Bolívar, muchos barcos han formado parte de la historia de Nuestra América. Desde hace 500 años naves conquistadoras, exploradoras, mercantes, corsarias y piratas surcan las costas del “Nuevo Mundo”. Pero hace dos siglos, algunas de estas naves, recuperadas para la causa independentista, se hicieron libertadoras.

Una en particular merece ser conocida y recordada por el alcance continental del sueño de Libertad que transportaba. El heroico barco que Francisco de Miranda fletó en Nueva York, a finales de 1805, del que hasta hace poco conocíamos casi nada. Los historiadores lo mencionan indistintamente como bergantín, corbeta, fragata y hasta goleta. Lo que da cuenta del escaso interés que se le había prestado a la primera embarcación que desafió 300 años de dominio colonial en América.

El Proyecto Leander no sólo consiste en la construcción de una réplica en tamaño real del buque mirandino, sino que implica su reconstrucción histórica y simbólica como patrimonio nacional y continental. Gracias a una reciente investigación que reúne los aportes de un equipo multidisciplinario en el que destaca el especialista en historia y construcción naval Gerardo Vivas Pineda, hoy sabemos cómo pudo haber sido y responder algunas preguntas clave sobre el Leander.

Se trataba –sin lugar a dudas– de una corbeta de tres palos. Las corbetas eran similares a las fragatas pero de menor tamaño. Derivaron de éstas a finales del S. XVIII, y gracias a su casco más angosto ganaron en velocidad. De allí que el Leander lograra escapar a la persecución de las naves españolas en el fallido desembarco de Ocumare, pero no así las pequeñas goletas Bee y Bacchus que fueron capturadas con sus 60 tripulantes.

El Leander tenía 18 cañones. Muy modesto poder de fuego considerando que para la época existían naves gigantescas que pasaban de 100 cañones. Medía Aprox. unos 33 metros de eslora (largo) por 8 metros de manga (ancho máximo) equivalentes a la corbeta promedio. El mascarón de proa, anticipando su destino, era la figura de un guerrero.

El Leander viene navegando desde el olvido hacia el futuro, y en algunos meses volverá a desplegar sus velas e izar sus banderas en el Parque Generalísimo Francisco de Miranda. Su nombre se escribe con “L” de Libertad Continental.

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